La misión esencial de un proyecto de gobierno es buscar la felicidad para sus ciudadanos. Sin esa meta, será poco lo que se consiga, con logros mediocres. Ello exige implementar estrategias de desarrollo humano bajo principios de sostenibilidad y equidad, generando directrices para un “modus vivendi” compatible con la naturaleza humana. Es la tendencia Siglo XXI. El mejor referente es la “Cultura Slow”, que promueve hacer las cosas con satisfacción, en el tiempo justo, sin prisa y bien hechas. Marca diferencias con los tiempos de la industrialización, la mecanizacón, la desnaturalización y la despersonalización, desmitificando el concepto de la felicidad en otra vida.Todas las personas tienen derecho a ser felices.
En Colombia organizaciones como la Fundación “Despacio”, promueven el desarrollo de “Ciudades felices”, a partir del diseño de urbes anatómicas, creando lugares que se adapten a la gente en términos de integración, convivencia y productividad con altos índices de satisfacción. Es la generación de condiciones dignas, bajo estricto concepto de equidad o de mejores oportunidades para la mayoría. Ello enriquece la autoestima estimulando a las personas a desplegar su potencial para un máximo trabajo en equipo.
La Fundación Despacio (Slow Research) que aglutina a selectos expertos internacionales (www.despacio.org), en convenio con la Universidad Externado de Colombia y otra holandesa, ofrecerán el diplomado en transporte sostenible (Felow en movilidad) para el segundo semestre de 2012. Así mismo brindarán formación para los alcaldes del país en los más sensibles temas urbanos, orientado por varios líderes representantes de las experiencias mundiales más exitosas en calidad de vida y desarrollo humano. Todo encaminado a acordar un modelo de ciudad para hacer más felices a los ciudadanos.
No es descabellado hablar de ciudades felices, más dignas. La felicidad es algo relativo, al alcance de todos, así lo explicó Victor Frankl: “a un hombre se le puede quitar todo, excepto una cosa: la última de sus libertades, la de elegir su actitud frente a cualquier circunstancia... la de elegir su propio camino”. Ese sendero depende de la riqueza personal, interior, más que de la abundancia exterior. Ni dinero ni fama sirven para ello.
Lo que acaba de acontecer con la triste muerte de Whitney Houston, ganadora de 6 Grammy es una explicación más. La fama, la riqueza, el poder, siguen haciendo seres tristes, desdichados y vencidos. Es una pena lo sucedido tempranamente con Michael Jackson, Amy Winehouse, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin y Gustavo Cerati (en coma). Las drogas y el alcohol pasan factura más temprano que tarde.
El nombre de Houston fue recogido en el Libro Guinness de los Récords como el de la artista femenina más exitosa de todos los tiempos por haber vendido más de 140 millones de copias de sus álbumes. Todo ese éxito, no le sirvió para ser medianamente feliz a pesar de su innegable talento artístico especialmente en ese tema "I Will Always Love You", traducido como “Siempre te amaré”. Era como su despedida: “Si tuviera que quedarme, Solamente sería una molestia. Por lo tanto, me iré,… Siempre te amaré. Espero que la vida te trate bien. Y espero que tengas todo lo que soñaste. Y te deseo alegría y felicidad…” En la versión web lo pueden disfrutar: http://www.youtube.com/watch?v=H9nPf7w7pDI