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Una ciudad con patrimonio |
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Escrito por Ruth Cepeda Vargas
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domingo, 25 de octubre de 2009 |
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Somos habitantes de una ciudad con patrimonio. Ella nos ha entregado una herencia rica en historia, arquitectura y memorias. Esto no quiere decir que debamos, por respeto a estos conceptos, congelarnos en el tiempo porque en el mundo todo camina y nada puede detenerse. Pero, desafortunadamente, estos “patrimonios” van perdiendo su importancia y su fisonomía va degenerándose a través de los años por el crecimiento descontrolado de estos sitios que cada autoridad maneja como cree que debe manejarse y viene, entonces, el deterioro de las condiciones de vida de sus habitantes que terminan huyendo de todo lo que está señalado como sagrado y eterno y los centros históricos van abandonándose y sus habitantes se refugian en los centros comerciales que les ofrecen la tranquilidad y la calma que todo ser precisa. Entonces los negocios que antes eran prósperos en estos sitios históricos van quedándose solos porque la gente prefiere la seguridad para realizar sus compras y sus urgencias bancarias.
Dice una periodista del Tiempo: ”Las construcciones históricas y con valor para la humanidad deben convertirse en lugares dinámicos, rentables y competitivos. Porque el patrimonio es un activo de la memoria, no un pasivo de la nostalgia”.
Esto nos viene “como anillo al dedo” al ser declaradas “Patrimonio Oral e Inmaterial de la humanidad” las Procesiones de Semana Santa. Debe devolvérsele a Popayán su imagen que por mucho tiempo se conservó. Nadie estuvo preparado para esta invasión de tráfico, de vendedores ambulantes, de gentes nuevas totalmente desarraigadas del patrimonio que representa la ciudad que se vió invadida por miles de personas que aprovecharon el caos que produjo el terremoto y que en cierta forma contribuyó a la anarquía que en estos momentos se vive.
La ciudad histórica debe recobrar su importancia y aprender a respetarla. Hace poco pasé por el centro. Paredes invadidas por grafitis “Abajo el Presidente, el Rector, el Gobernador, el alcalde, su mamá, su papá, mi novio, mi vecino”. “Borondongo le dio a Bernabé. Bernabé le pegó a Puchilanga, le dio burundanaga. Le jinchan los pies” dice una vieja canción que refleja lo que está sucediendo en la ciudad. Yo no digo que la gente no debe reclamar sus derechos. Pero hay caminos más directos y respetables que éstos usados el día que a la gente se le ocurre hacer una manifestación. Con eso sólo se consigue aumentar el caos y hacer del centro histórico un sitio no deseado por nadie porque paredes recién enlucidas son el tablero de todas las protestas que gentes que les importa un higo estos problemas, aprovechan para volver nada el esfuerzo que hace poco el dueño de ese establecimiento tuvo que hacer.
Yo no sé cuál será el camino que conduzca a la gente al respeto por la ciudad, pero hay que encontrarlo. Hay que sacar fuerzas e inteligencia para prepararnos para este gran premio que Popayán ha recibido. Y mostrar cuán justa es la visión que se tiene de las procesiones de la Semana Santa en el mundo y que responden plenamente a esta distinción.
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